
Siempre buscamos diversas formas de estimular nuestros sentidos. Mandando información por la vía nerviosa hasta el cerebro para que esta organice todo, enviando una parte a lo pensante y otra parte a lo sensible. Así se produce un diálogo interno entre lo que pienso y lo que siento. Si en esta conversación hay algo que está peligrosamente cerca de uno de los dos extremos medice que tenga cuidado y en consecuencia, comienza el temor. En este momento la cordura pareciera desaparecer. Y hasta tiene sentido. Buscamos todo tipo de estímulo desde música, comida, colores, lugares, personas, situaciones. Cualquier cosa que nos proporcione una ligera seansción de bienestar. No podemos decir que alguién en específico nos proporcione todo ya que es el conjunto de ese alguien el que nos va a dar ese mínimo de conexión entre la realidad y la fantasía. Esa satisfacción momentánea es causada por todos los factores externos que rodean dicha situación; no por la persona en sí. Aunque a veces quisiéramos que fuese solo por ese alguien. Nos hacemos adictos a nuestras emociones y en consecuencia a todo lo que las rodea. Es bueno siempre y cuando se de una simbiósis y todos esos sentimientos siempre sean de manera recíproca. Ya que la realidad de la vida va acompañada de lo que creamos que es perfectamente posible. Aunque lo perfectamente posible no llega nunca a la visión infinita de lo que es sencillamente real. Quiero decir, que todo debe coincidir; lo que pienso, luego lo que siento, junto con lo que vivo, más lo que me vigoriza incluso lo que sé que es cierto; hacen que mi mundo sea real. Es bueno saber que todo está donde debe estar u qie siempre existe la posibilidad de mejorarlo...
"... solamente el que cruza el río de noche, sabe apreciar la claridad del día..." (antíguo Proverbio Chino)
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